¡Me lleva la chingada! ¡¿Por qué, Dios?! ¿Es mi castigo? Le di tantos ánimos a ella para que cruzara la pinche calle y se llevara sus manuscritos a esa editorial tan prestigiosa, ¡era muy fácil, carajo! No, no lo era... no lo es. Se trata de llevar tus tesoros, tus creaciones, tu alma plasmada en papel, delicado y blanco papel. La lluvia puede borrar, romper, desbaratar completamente una obra maestra en poco tiempo. El viento puede llegar a ser tan fuerte que se llevaría todo a través del cielo y la dejaría caer en las manos equivocadas... o patas... o lodo... o mierda. Del fuego ni se diga. Ya lo había enviado todo por correo electrónico muchas veces, pero decía que quizás, si hablaba personalmente con el editor, lo convencería de publicarla. Desconfiaba por completo de la tecnología y de ella misma. Ella caminó mil veces y se quedó parada ante el semáforo en rojo, verde para el peatón…