Todo comienza con una niña llamada Mery. Desde que era muy pequeña, algo la atormentaba: escuchaba voces que nadie más podía oír. Tenía una muñeca que era su tesoro más querido, pero ni siquiera ella lograba calmarla. Esas voces estaban siempre ahí, murmurando entre sí, y Mery nunca conocía la tranquilidad. Pero lo peor llegó una tarde en casa de su abuelita. Salió al patio a jugar, y sin darse cuenta, el sol se ocultó y la oscuridad lo envolvió todo de golpe. Fue entonces cuando los susurros empezaron, cercanos y fríos como el viento de la noche. Lo que antes era solo ruido en su mente, ahora tomaba forma. Sombras alargadas se deslizaban entre los árboles, y figuras espectrales la observaban desde las esquinas. Ya no solo escuchaba, los veía. Y entre todos ellos, había uno que jamás se apartaba de su lado. Era un espectro de contornos borrosos y oscuros, hecho de la misma niebla fría d…